HAY DE MI
Oigo, llueve:
El
silencio de la lluvia
me
detiene.
Mansa
caé,
también
en torbellinos
de
luces desprendida,
no
rompe ni hiere,
es
blanda
costumbres
de risas.
Siempre
sin prisas
busca
el lugar que le conviene.
Silenciando
el pensamiento
los
sentidos la entienden,
cuando
pasa
del
espacio “oscuro del cielo”,
a
un lugar que le espera
en
cualquier sitio del suelo.
Riqueza
de esperanza
siempre
el sur la espera,
alfombrando
los tesoros
que
se ocultan en lontananza.
En
las entrañas de la tierra,
orgullo
que enriquece
el
ardor de primavera.
Ahora
humedece mis labios
de
esperanzas vacíos.
A.
Garrido Sama
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